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Si Piensas Que Los Hábitos Te Pueden Ayudar A Alcanzar Tus Metas, Esto Te Hará Pensar Distinto

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12 Jun Si Piensas Que Los Hábitos Te Pueden Ayudar A Alcanzar Tus Metas, Esto Te Hará Pensar Distinto

Por lo general, cuando queremos conseguir algo, nos esforzamos para construir algunos hábitos, porque se nos dice que los hábitos son los fundamentos del éxito. Sin embargo, si examinamos las funciones de las diferentes partes de nuestro cerebro, los hábitos pueden llegar a ser algo que nos impida lograr nuestros objetivos en lugar de ayudarnos. Cuando estamos realizando nuestros hábitos, en realidad estamos usando el cerebro primitivo, que no es el preferido para la consecución de los objetivos … He aquí por qué.

En primer lugar tenemos que entender cómo funciona nuestro cerebro primitivo.

El “cerebro primitivo”

El cerebro humano primitivo, también conocido como el sistema límbico, se ha desarrollado a lo largo de millones de años. Nuestros antepasados ​​tenían tres objetivos claros y directos que tenían que tener en cuenta si iban a sobrevivir. Estos objetivos eran:

  1. Encontrar comida
  2. Encontrar a un@ compañer@
  3. Mantenerse a salvo de los depredadores

Los seres humanos dependían de su inteligencia superior para alcanzar estos objetivos. A diferencia de otros animales que tienen una gran fuerza o velocidad, dientes afilados o similares. El cerebro primitivo se desarrolló de gran manera para ayudar a alcanzar estos tres objetivos.

Cuando veíamos la posibilidad de adquirir los alimentos, experimentábamos altos niveles de energía que nos llevaba a buscar de nuevo la comida. Cuando se presentaba la oportunidad de reproducir, experimentábamos gran deseo, y cuando sentíamos que nos habíamos empujado a nosotros mismos demasiado duro, entonces sentíamos el deseo de descansar.

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Por estas razones nuestro cerebro primitivo constantemente nos está diciendo que busquemos comida y el placer sexual; también nos dice que descansemos en lugar de motivarnos a hacer algo de ejercicio.

Por el contrario, el cerebro moderno nos dice que nos controlemos a nosotros mismos…

El “cerebro moderno”

El cerebro moderno, también conocido como la corteza pre-frontal, se ha desarrollado después de muchos años tratando de sobrevivir individualmente. La gente decidió que sería más fácil lograr los tres objetivos de la supervivencia si trabajaban como grupo; por tanto, se crearon las tribus.

A medida que los seres humanos comenzaron a cooperar y trabajar como un grupo necesitaron aprender a cooperar y trabajar al unísono. Esto significaba que era necesario aprender a controlar ciertas acciones. Se desarrollaron normas sociales, tales como:

  1. No tomar la comida de otra persona
  2. No tomar la pareja de otra persona
  3. Respetar la propiedad de otros y no tratar de robar su refugio

Para respetar estas reglas y asegurarse de que no se rompiera ninguna de ellas, tuvimos que desarrollar un nuevo tipo de inteligencia. Esta inteligencia se utiliza para controlar los deseos básicos de nuestro cerebro primitivo. La nueva inteligencia puede ser referida como el autocontrol.

Corresponde al cerebro moderno anular estos impulsos primitivos y para conducirnos hacia metas más altas. Experimentamos constantemente una lucha entre los deseos a corto plazo y los objetivos a largo plazo. Corresponde al cerebro moderno considerar las consecuencias de nuestros deseos primitivos y tomar decisiones que nos ayudarán en el largo plazo.

Entonces, ¿cómo nos obstaculizan nuestros hábitos?

Los hábitos se forman en el cerebro primitivo y, como tal, no requieren pensamientos. Cuando tratamos de usar los hábitos para alcanzar nuestros objetivos a largo plazo estamos, en efecto, diciendo a nuestro cerebro a corto plazo que se haga cargo. Y el cerebro primitivo de corto plazo tiene objetivos diferentes que los objetivos a largo plazo del cerebro moderno. Por lo que los resultados no van a coincidir con nuestros objetivos más altos.

Cuando intentas ayudar a tu cerebro moderno a lograr sus objetivos a largo plazo, los hábitos no ayudan mucho con estos objetivos.

Es posible que haya intentado meditar en algún momento de su vida y, sin duda experimentado las dificultades asociadas a mantener el enfoque en una cosa en particular, por ejemplo, la respiración. Tratando de hacer un esfuerzo para concentrarse en algo, a menudo, resulta inútil. Esto se debe a que estamos luchando con un proceso de aprendizaje basado en la recompensa que es causada por el refuerzo positivo y negativo. Un hábito se forma cuando, por ejemplo, vemos la comida, comemos y decidimos que tiene buen sabor. Para el ser humano las calorías es igual a supervivencia. Recordamos las recompensas que hemos tenido después de la comida y repetimos el proceso. El proceso es así: se dispara el comportamiento de recompensa; vemos la comida, comemos la comida, nos sentimos bien y repetimos. Entonces, ¿qué debemos hacer en lugar de construir hábitos?

Usa la curiosidad para romper los hábitos no deseados

En un experimento, unos investigadores dijeron a la gente en lugar de forzar a la gente a, por ejemplo, dejar de fumar, le dijeron a la gente que fuera curiosa acerca de sus hábitos. De hecho, dijeron a la gente que fumara y fueran curiosos acerca del fumado. Una de las participantes dijo: “Estando consciente al fumar: huele a queso apestoso y sabe a productos químicos, qué asco!” Ella había decidido en un nivel cognitivo que fumar era malo para ella. Ya el fumado no la cautivó más.

Cuando la corteza prefrontal no se involucra, tendemos a caer en viejos hábitos. Cuando estamos cansados, estresados ​​o participando en la toma de decisiones difíciles, se puede caer fácilmente de nuevo en nuestras viejas costumbres. La curiosidad nos ayuda a tomar nota de nuestra experiencia en lugar de tratar de deshacerse de la experiencia (hábito).

En un artículo de Conversation Agent dice que se puede hacer uso de la curiosidad para romper los malos hábitos: “¿Cómo se siente la curiosidad? Se siente bien. ¿Y qué sucede cuando tenemos curiosidad? Empezamos a notar que los antojos se hacen simplemente por sensaciones corporales – hay opresión, hay tensión, hay inquietud – y estas sensaciones corporales van y vienen. Estos son trozos pequeños de experiencias que podemos manejar de instante en instante en lugar de agobiarnos por este gran deseo”.

Cuando somos curiosos, detenemos el temor de nuestros hábitos y reacciones automáticas a nuestros patrones habituales. Activamos nuestro cerebro moderno y somos capaces de reflejar de manera más eficaz lo que estamos haciendo de una manera científica y aislada. Así que la próxima vez que se te presente un hábito indeseado o te encuentres centrad@ en objetivos a corto plazo, trata de involucrar tu cerebro moderno y siente curiosidad por lo que estás haciendo.

Fuente: LifeHack

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